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Bajo deseo sexual en mujeres


Con la llegada del medicamento Flibanserina para el manejo del “Desorden de bajo deseo sexual” en mujeres o “Deseo sexual hipoactivo” (HSDD)” por sus siglas en inglés, se va a crear una gran polémica en razón a que la sexualidad femenina tiene enemigos gratuitos. Algunas asociaciones (De salud, femeninas o feministas) que opinan sobre que la llegada de una píldora para tratar el “HSDD”, dicen que se va a medicalizar a mujeres que no lo necesitaban y se les van a crear enfermedades que no tenían, puesto que médicos insensatos les vamos a suministrar píldoras del deseo a mujeres cansadas o angustiadas o enfermas, lo que de por si constituye una idea pobre, incompleta y retrógrada. La medicina sexual parte de un precepto que es fundamental: La disfunción a tratar debe estar generando angustia o insatisfacción en quien la padece de magnitud suficiente para que se justifique la intervención o tratamiento. Sin ese criterio que solo lo define el paciente según índices o entrevistas estructuradas ningún terapeuta realizaría tratamiento alguno. Pero lo que se agita en el fondo de esta discusión es algo más peligroso: La idea extendida, concatenada con pensamientos religiosos a ultranza, sobre que la mujer NO TIENE DERECHO AL DESEO SEXUAL, es más, no tiene derecho a una SEXUALIDAD FEMENINA, lo que había impedido hasta ahora que el gran asunto de la DISFUNCION SEXUAL FEMENINA del cual el HSDD es apenas una parte fuera revisado con juicio y tratado adecuadamente. La gente espera un “Viagra Femenino”. Esto es un lugar común,  aunque Viagra sea un sustantivo que designa medicamentos para la sexualidad. Sin embargo, para ser precisos mujeres sigue la búsqueda de medicamentos que sean justamente diferentes al Viagra, por haber sido los “inhibidores de la fosfodiesterasa” (grupo al que pertenece el mismo Viagra) de poca o ninguna utilidad en las mujeres. En otras palabras lo que buscamos en una especie de “NO Viagra” para ellas. Las mujeres han estado condenadas a una mala sexualidad cuando esta se altera no solo porque el diagnóstico es pobre y los tratamientos inexistentes, sino porque la sociedad se niega a aceptar que existe. Yo personalmente confío y defiendo el derecho de las mujeres a una sexualidad sana y que existan investigaciones serias sobre este tema.